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2008-06-30

La explosión de Tunguska cumple 100 años llenos de interrogantes

  1. • Los científicos no hallan pruebas de que un asteroide impactara en Siberia en 1908
  2. • Los expertos analizan si el lago Cheko, posible cráter de la colisión, se formó anteriormente
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OCTAVI PLANELLS
BARCELONA

Cien años, mil indicios, algunas hipótesis y pocas pruebas. El catastrófico fenómeno que azotó la región de Tunguska (Siberia, Rusia), el 30 de junio del 1908 sigue sin explicación. La incertidumbre persiste, aunque una alta probabilidad apunta al impacto de un cuerpo extraterrestre, seguramente un asteroide o un cometa. Los científicos han llegado a esta doble hipótesis al descartar las otras por su rareza. Pero hasta la fecha no han hallado restos de ningún meteorito más que un posible cráter del impacto.
Hoy hace un siglo, la cuenca del río Tunguska amaneció con una ensordecedora explosión que mucha gente pudo escuchar desde 800 kilómetros de distancia --la existente entre Barcelona y Jaén--. La onda expansiva arrasó 2.150 kilómetros cuadrados de bosque, una extensión equivalente a la isla de Tenerife. Unos 80 millones de árboles sucumbieron a su embestida y se desplomaron en la dirección de avance del frente. La deflagración calcinó la flora y la fauna de la región, y devastó Vanavara, un pequeño poblado situado a 60 kilómetros. Un hongo de polvo y cenizas se alzó hasta los 15 kilómetros de altitud y originó una lluvia de oscuros copos en toda la zona. Por la noche, un cielo 100 veces más brillante de lo habitual permitió a los habitantes de cientos de ciudades europeas como Londres, Berlín o Burdeos, leer la prensa o tomar fotografías sin luz artificial.
Las convulsiones políticas de Rusia en esa época retrasaron 19 años la primera expedición a la región. Esta estuvo capitaneada por el minerólogo Leonid Kulik. "Cuando Kulik vio por primera vez la magnitud del fenómeno, sintió tal congoja que retrocedió a por más ayuda", narra Salvador Ribas, investigador del Departamento de Astronomía y Meteorología de la Universitat de Barcelona, y director científico del Parc Astronòmic Montsec. "El minerólogo atribuyó el desastre a la caída de un asteroide, pero nunca encontró restos de hierro meteórico", añade.

A 70.000 KILÓMETROS POR HORA
La falta de pruebas en las numerosas expediciones posteriores llevó a los científicos a especular entre asteroides, cometas, antimateria, agujeros negros, platillos volantes y algunas hipótesis mucho más esotéricas. Las más aceptadas son las dos primeras. Según Ribas, "la velocidad del bólido rondaba los 70.000 kilómetros por hora". "El rozamiento con los gases de la atmósfera a esa velocidad le causaron la incandescencia y la desintegración de su superficie".
La orientación de los árboles arrancados ha permitido a los expertos calcular algunas características del fenómeno. Por ejemplo, el cuerpo medía entre 60 y 100 metros de diámetro y penetró en la atmósfera con un ángulo de 15 a 45 grados".
A una altitud de ocho kilómetros, la energía que había adquirido el bólido era tan elevada que estalló, dando lugar a la catástrofe. "La explosión fue equivalente a 1.000 bombas de Hiroshima", añade Ribas.
En el 2007, físicos de la Universidad de Bolonia hallaron un posible cráter creado por un fragmento del meteorito. Según Ribas, "los italianos afirman que el lago Cheko --el supuesto cráter-- no aparecía en ningún mapa anterior a 1928". El descubrimiento de los italianos ha suscitado numerosas críticas, entre otras, que la tasa con que se acumulan los sedimentos en ese lago indica que ya existía 1.000 años atrás. Estos días, Longo y sus colegas han vuelto al lago Cheko para averiguar su antigüedad. Si verifican que tiene 100 años, los científicos habrán encontrado la primera pieza del rompecabezas. Si es más viejo, el enigma continuará, quizá, otros 100 años.

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